Una humanidad atrapada en la depresión

Por Manuel Vólquez Luego de la devastadora pandemia del Covid-19, en la República Dominicana se ha triplicado y agravado el número de pacientes con trastornos mentales. Debido a ese fenómeno, unos 6,9 millones de personas fallecieron en el mundo entre el 1 de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2021, según la Organización Mundial Salud (OMS), aunque de manera extraoficial de habla de 14,9 millones. Desde entonces, ha crecido el índice de esos padecimientos conductuales. En la opinión del médico psiquiatra José Miguel Gómez, las tres primeras causas de visitas al consultorio de los especialistas son depresión (trastornos del estado de ánimo), ansiedad y los problemas del sueño (insomnio) y citó las adicciones, que considera la segunda causa de demanda hospitalaria, sobre todo, en la población joven. “Estamos hablando de uso y consumo de marihuana, cocaína, anfetaminas y crack”, precisó el galeno. En una entrevista concedida al periódico Hoy, de fecha 23 de septiembre de 2023, el profesional también evaluó como muy preocupante el aumento de los casos de ludopatía (la adicción al juego de loterías o resistir los impulsos de apostar dinero), compras compulsivas y el uso excesivo del internet, en especial de parte de niños y adolescentes. Son asuntos sociales que ameritan la inmediata intervención estatal. En ese contexto, el 5 Octubre 2021, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) pronosticó en su publicación anual y global que los efectos de esa enfermedad epidémica podrían prolongarse durante muchos años sobre la salud mental y el bienestar de los niños y los jóvenes. Las últimas estimaciones disponibles sugieren que en América Latina y el Caribe, el 15 por ciento de ese segmento poblacional de 10 a 19 años de edad (alrededor de 16 millones) viven con un trastorno mental diagnosticado. Cada día, más de 10 adolescentes de la región pierden la vida por suicidio. El 10 de octubre de 2022, a propósito del Día Mundial de la Salud, se publicó un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtiendo sobre esa realidad. La investigación, que lleva por título “Estado de la salud mental tras la pandemia del Covid-19 y progreso de la Iniciativa Especial para la Salud Mental (2019-2023) de la OMS”, indica que “nunca como ahora ha sido tan necesario priorizar la salud mental. El triple impacto del Covid-19, el cambio climático y las guerras y conflictos en curso exigen un altísimo peaje a nuestra población, tanto si se ve afectada de forma directa como indirecta”. Destaca que esa eventualidad sanitaria en todo el planeta es extremadamente preocupante. Previo al surgimiento de la pandemia, casi mil millones de personas ya sufrían algún trastorno mental diagnosticable, el 82% de las cuales vivían en países de renta baja y media, y las personas con padecimientos graves morían entre diez y veinte años antes que la población general. Desde entonces, el letal virus ha agravado los trastornos mentales. de muchos más individuos, tanto los que ya padecían estos problemas como los que no, acentuando las deficiencias de los sistemas sanitarios y las desigualdades socioeconómicas. Se calcula que la peste ha incrementado entre un 25% y un 27% la prevalencia de la depresión y la ansiedad a escala mundial. (Ver enlace: https://www.un.org/es/cr%C3%B3nica-onu/estado-de-la-salud-mental-tras-la-pandemia-del-covid-19-y- progreso-de-la-iniciativa). Por demás, se habla de enfermedades raras y complejas debido a sus diagnósticos tardíos, las que se manifiestan en muchos de los casos como cáncer, según el médico Julio Becerra, que considera que una patología extraña dura entre 7 a 20 años en que pueden aparecer los primeros síntomas en las personas y es el tiempo en que esta se puede diagnosticar. Se trata de un padecimiento no común que la mayoría de los humanos llegan a descubrirlo en un periodo tardío, generando consecuencias fatales. Analizando esos detalles, hay que concluir que la humanidad está jodida, atrapada en una devastadora depresión y salud mental, con precarios recursos financieros para un digno tratamiento médico. Es la
causa de tanta violencia global.

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