Del arroz a la gestión pública: Oliverio Espaillat llega a Agricultura

Por: Lucy Payano En los caminos de tierra, donde el día comienza antes del amanecer, la noticia del nuevo ministro de Agricultura no se recibió como un titular más. Para muchos productores y comunidades rurales, la llegada de Oliverio Espaillat abre la posibilidad de reencontrarse con una forma de dirigir que entiende el campo no como una estadística, sino como una forma de vida. Surge la esperanza de ser escuchados sin intermediarios y de que las decisiones respondan a lo que realmente ocurre entre la siembra y la cosecha. El campo dominicano, base silenciosa de la alimentación y del trabajo rural, no pide privilegios ni promesas grandilocuentes. Pide comprensión. Pide que quien decide conozca el peso de una mala temporada, la incertidumbre del clima y la responsabilidad que implica producir alimentos para todo un país. Que entienda que detrás de cada cultivo hay historias de esfuerzo, familias que dependen de una cosecha y comunidades que se sostienen incluso cuando las condiciones no acompañan. Un ministro con raíces en la tierra Hablar de Oliverio Espaillat es hablar de alguien que ha vivido el campo desde la experiencia cotidiana. Ingeniero agrónomo y productor, con más de tres décadas de trayectoria, su camino se ha forjado junto a otros agricultores, especialmente en el sector arrocero, donde conoce de primera mano los retos productivos, los costos, las pérdidas y la necesidad de modernizar sin perder el sentido humano. Su recorrido no se define solo por cargos o proyectos, sino por la credibilidad que ha ganado entre quienes trabajan la tierra. Retos y expectativas del campo Hoy el campo necesita más que planes bien estructurados. Requiere reglas claras para comercializar, acompañamiento técnico oportuno y una visión capaz de responder, tanto al clima cambiante como a las exigencias del mercado. Pero, sobre todo, necesita que las políticas se piensen desde la producción agrícola. Modernizar es indispensable, sí, pero hacerlo sin romper el vínculo con el pequeño y mediano productor que ha sostenido la producción con esfuerzo constante. Una gestión cercana al campo. Gobernar desde el campo es permanecer en la vida cotidiana de quienes producen. Es escuchar con paciencia, entender los tiempos de la agricultura y asumir que cada decisión impacta directamente en miles de familias. Es reconocer que el campo no es solo productividad: es identidad, estabilidad social y futuro. El sello de su llegada. El verdadero impacto de Oliverio Espaillat como ministro no estará en los discursos, sino en la confianza que logre construir con el productor y en su capacidad de convertir la experiencia en decisiones sensatas. Su trato cercano, su manera directa y el respeto con que se relaciona con la gente del campo le otorgan una legitimidad que no se improvisa. Sin dudas, para el sector arrocero, su llegada representa una oportunidad concreta de seguir avanzando con mayor coherencia. Es un productor que conoce el cultivo, entiende los ciclos y sabe lo que implica sostener una cosecha en medio de incertidumbres. Cuando quien dirige ha sembrado, ha esperado resultados y ha asumido riesgos, sabe que cada decisión nace de la experiencia. Cuando esa vivencia se transforma en gestión, la agricultura dominicana encuentra un respaldo firme para crecer y reafirmarse como motor de esperanza y garantía de seguridad alimentaria para nuestro país. El camino apenas comienza Con Oliverio Espaillat al frente, el campo dominicano no solo espera ser administrado: espera ser transformado con visión y cercanía. La semilla de esta gestión ya ha sido plantada en tierra fértil; ahora, el país observa con atención, anticipando una cosecha histórica donde la prosperidad del productor se convierta en el verdadero indicador del éxito nacional. LA AUTORA es periodista. Reside en San Francisco de Macorís

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