Nicolás Acevedo SánchezLa festividad del Sagrado Corazón de Jesús del once de junio, pero diferida para el trece para cerrar las Patronales de este municipio, refiere una evocación que nos distingue y habla muy bien de la religiosidad católica y del seguimiento que le damos a la convocatoria de nuestro párroco José Botello. Llenar el multiuso fue un gran reto asumido por los organizadores: más de mil personas sintieron la alegría de congregarse con el Amplio Corazón de Jesús y las sabias palabras de monseñor Freddy Bretón.
La significación de estas patronales tras una borrachera electoral que nos dejó muy divididos se advierte en la respuesta dada por cada fiel católico en las nueve Eucaristías de conmemoración y evangelización, con un llamado permanente a la reconciliación y al amor a los demás. Cada día cientos de personas acudían buscando el auxilio de la única posibilidad verdadera: la misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.

Desde las nueve de la mañana católicos de todos los rincones de la región se concentraron tranquilamente, extasiados por la solemnidad y el afán de respaldar la construcción de una sociedad de amor. Hermanos de San Cristóbal, Santo Domingo, Los Cacaos, Villa Altagracia nos brindaron su calor y entusiasmo. Distinguidos parientes de Botello dignificaron la asamblea.
En la homilía monseñor evocó su advocación por el Sagrado Corazón de Jesús desde sus años mozos de Licey Al Medio y la fuerza devocional que el pueblo dominicano le rinde. Me atrevo a repetir las palabras de San Juan Crisóstomo (347-407): “La lanza del soldado abrió el costado de Cristo, y de su herida formó Cristo a la Iglesia, como fue formada Eva, la primera mujer, de Adán; y por eso, dice San Pablo: Somos carne de su carne y hueso de su hueso. Así como tomó Dios la costilla del costado de Adán y de ella formó la mujer, así nos da Jesús la sangre y agua de su costado, y de ellos emerge la Iglesia”.
Los frutos de la parroquia en las patronales se cuentan por los bautizados y los confirmados, en la reafirmación de adhesión a los sacramentos de la Santa Iglesia. Decenas de confirmados, jóvenes todos, anuncian el despertar del mensaje cristiano; sus vestiduras blancas muestran paz y armonía. El trabajo litúrgico y el esplendor protocolar, junto al coro armonioso de la parroquia conjugaban una atmósfera verdaderamente cristiana. Era una merecida ceremonia al Espíritu Santo presente en cada alma, al Corazón de Jesús privilegiado en la clausura del Año Sacerdotal.
La asamblea se sentía sosegada, recordando el salmo “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. Y es que el verde cambitero nos seduce y atrapa, sobre todo cuando sentimos la presencia de Dios entre nosotros.
Reiteración digna del liderazgo parroquial, la clausura nos anima a seguir caminando por la búsqueda de la perfección, por el perdón de los demás y la presencia disponible siempre en la gran Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.
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