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El imperio del terrorismo

lunes, 7 de diciembre de 2015

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Por: FAUSTO ARAUJO El terrorismo anda por sus fueros en el mundo, tratando de imponer su ley a fuego y sangre. En este Siglo XXI –que aún se encuentra en pañales- los actos de terror han provocado la muerte violenta a más de 5 mil 721 personas, correspondiendo un saldo de 633 fallecidos a este año 2015. También han dejado una secuela de decenas de miles de hombres, mujeres y niños heridos y mutilados. La mayoría de las victimas las han puesto Estados Unidos, con más de 3,000 muertos; Irak, con alrededor de 796 y Rusia, con unos 726, según reportes policiales, de medios de prensa y de organismos internacionales. El terrorismo –que muchos lo definen como el uso de violencia o amenaza de violencia-, no es más que un oprobioso método de reiterada acción violenta, inspirado en la angustia, utilizado por personas, grupos, o estados de forma clandestina, por razones criminales, políticas o de narcotráfico. Es –quizás- el acto de violencia de mayor cobardía, desamor y odio hacia los demás, puesto que generalmente golpea a personas indefensas, y los ejecutores lo hacen sin mostrar la cara, a escondidas, como cualquier ladrón en la noche. Esa violencia, que no es más que el miedo a los ideales de los demás, el refugio de las mentes pequeñas y el de los incompetentes, el miedo a las ideas de los otros y poca fe en las propias, como rezan por separado: Karamchand Gandhi, un Proverbio chino, Isaac Asimov y Antonio Fraguas Forges, a fin de cuenta lo único que hace es que “crea más problemas que los que resuelve, y por tanto nunca conduce a la paz, como asegura Martín Luther King. El terrorismo y, en efecto, la violencia (de la cual el legendario músico John Lennon -quien nos invita a “soñar con la paz”- decía que “vivimos en un mundo donde… la violencia se practica a plena luz del día”), son inequívocos enemigos de la vida humana, de la alegría, el amor y la tranquilidad. El mundo aún no sale del asombro y el dolor ocasionado por los atentados de aquel inolvidable, fatídico e infausto 11 de septiembre de 2001, cuando una gama de actos terroristas suicidas se llevaron a cabo ese día en los Estados Unidos contra las torres gemelas por miembros de la red Al Qaeda mediante el secuestro de aviones de línea para ser impactados contra varios objetivos. Los referidos eventos sucedidos hace ya 14 años, provocaron la muerte a cerca de 3.000 personas, mientras que otras 6.000 resultaron heridas y decenas de miles quedaron huérfanos, viudos o viudas y con severos daños psicológicos. Una escena más de dolor que también llamó la atención de los habitantes del planeta (y nos convoca a reflexionar y procurar la paz) la registra la historia el 11 de marzo del año 2004, cuando se efectúan una serie de ataques terroristas en cuatro trenes de Madrid, España, llevados a cabo por una célula de terroristas de la red Al Qaeda. Frutos de esos repudiables atentados perdieron la vida unas 192 personas, en tanto que 1.854 resultaron gravemente lesionadas. Se recuerda que, tras los actos terroristas perpetrados contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, que dejaron cerca de 17 muertos en Paris, Francia, el 7 de enero de este año, cerca de 3.5 millones de personas se movilizaron en la capital y otros pueblos de la nación europea para pedir por la paz. El Presidente Hollande encabezó la manifestación en Paris, junto a los principales gobernantes de la Unión Europea y otros jefes de Estado. Lo que evidencia que el mundo quiere la paz y rechaza la violencia. Pero también, el minúsculo grupo que promueve la violencia no se duerme en sus laureles y cuan cualquier ratero sin entrañas, recientemente en Turquía, muchos ciudadanos fueron por paz y hallaron la muerte: esto fue el día 10 de octubre de 2015, cuando en medio de una marcha por la paz, tuvo lugar el peor ataque terrorista de toda la historia de Turquía, donde al menos 95 personas perdieron la vida y 246 resultaron heridas. Posteriormente, 21 días después de los atentados en Turquía, el 31 de octubre, un avión Airbus de Rusia, con 224 personas a bordo fue derribado sobre el Sinaí, en Egipto sin dejar ningún sobreviviente. El jefe del Servicio Federal de Información (FSB, antiguo KGB), Alexander Bortnikov, reveló, en el marco de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de su país, que el avión explotó debido a una bomba colocada por terroristas. Ante los hechos, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha ordenado localizar y liquidar a todos los responsables del presunto atentado terrorista, ha informado el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El viernes 13 de noviembre fue verdaderamente “negro” para Francia, pues, cuando aún el mundo no se había repuesto del dolor causado por las tragedias del 10 de octubre, en Turquía, y el 31 de ese mes, en Egipto ante la caída de Airbus ruso; al menos 129 personas perdieron la vida y 352 han resultado heridas a causa de varios ataques terroristas lanzados en París alrededor de las diez de la noche del viernes 13 de noviembre. Todo ocurrió cuando atacantes -portando fusiles de asalto y explosivos- protagonizaron cinco tiroteos en los distritos 10 y 11 de Paris, además de provocar varias detonaciones cerca del Estadio de Francia y en la sala de conciertos Bataclan, situada en el número 50 del boulevard Voltaire. Ocho terroristas murieron en los atentados, siete de ellos al hacer detonar explosivos atados a sus cuerpos. El Estado Islámico se atribuyó los hechos. Siete día más tarde de los hechos en Paris, el viernes 20 de noviembre, terroristas atacaron las instalaciones del Hotel Radisson Blu, en Bamako, capital de la Republica de Mali, provocando la muerte de al menos 21 personas. Meses antes otros actos terroristas cobraron la vida de 5 personas en esa nación perteneciente a África Occidental. Los abominables y repudiables hechos (como era de esperarse) han encontrado inmediatamente el repudio de la comunidad internacional y de Houcine Abassi, quien junto a los integrantes del Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez, fuera galardonado con el Premio Nobel de la Paz, 2015. Previo a los hechos de Turquía, Egipto y Paris, en junio de este año una ola de atentados se sucedió en cinco países, dejando al menos 163 muertos y cientos de heridos. Los sangrientos episodios tuvieron lugar, con muy pocas horas de diferencia, en Francia, Túnez, Kuwait, Siria y Somalia y como era de esperarse causaron el pánico a nivel mundial. Actualmente, estamos amenazados por el Narco-terrorismo, el cual se teme que será uno de los más preocupantes en los próximos años. Ya se sabe del terrorismo de Estado, del Terrorismo de Post-guerra y del Terrorismo internacional. Nadie en la tierra esta exento de escapar de las garras del terrorismo. Según el Departamento de Estado, entre 1998 y 1999 –despidiendo el siglo XX- hubo en el mundo más de 600 actos terroristas que mataron a 900 personas e hirieron a más de 6.500. Para esa década, especialmente en 1996, el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, definía al despiadado fenómeno del terrorismo internacional como “un destructor de todos por igual que no respeta frontera y amenaza seriamente la seguridad mundial. A los numerosos hechos terroristas acaecidos en distintas partes del mundo, incluidos los señalados en Estados Unidos, Francia, España, Turquía, Túnez, Kuwait, Siria, Somalia y otros, también tenemos que sumarles los actos terroristas protagonizados en Rusia, el 23 de octubre de 2002 y el 4 de septiembre de 2004, con saldos de 168 muertos y 229 heridos y 334 muertos y 783 heridos, respectivamente. De igual modo, los de Irak, ocurrido el 4 de agosto de 2007, con 796 muertos y 1 mil 562 heridos; en Londres, el 7 de julio de 2005, con 56 muertos y 90 heridos; en Noruega, el 22 de julio de 2011, con 146 muertos y 169 heridos; en la India, los día 26 y 29 de noviembre de 2008, con 188 muertos y 282 heridos; en Kuta, Bali, el 12 de octubre de 2002, con 187 muertos y 293 heridos; y en El Líbano, el 14 de febrero de 2005, con 22 muertos y más de 100 heridos. También América Latina recuerda con mucho dolor y pesar los cruentos actos de terrorismo que se llevaron a cabo en Argentina los años 1992 y 1994. El primero el 17 de marzo de 1992, cuando la embajada de Israel en Argentino fue víctima de un ataque terrorista que borró por completo la sede diplomática y dejó un saldo de 22 muertos y 242 heridos; el segundo, se llevó a cabo en la AMIA, el 18 de julio de 1994, dejando un saldo de 85 muertos y una indescriptible escena de dolor. No podemos seguir conviviendo con el terrorismo que observamos y que amenaza la vida y la paz en el mundo. No podemos seguir permitiendo que más seres humanos sigan sufriendo en carne propia o de manera psicológica la indeseable amargura y el dolor que experimenta la violencia y el terrorismo. Los actos de terror (no importa sus causas) generalmente –insistimos- son inspirados por el miedo, la inseguridad, la obligación, el odio, la tristeza, la brutalidad, la irracionalidad y la barbarie, por lo tanto debemos combatir el terrorismo con el corazón y la mente, dando amor, alegría y solidaridad. La verdad monda y lironda acerca del terrorismo es que el mismo depende de nosotros. Si, somos nosotros los propios seres humanos, aparentemente racionales, los únicos causantes de esta atroz y vergonzosa tragedia, por lo que queda claro que somos nosotros mismos quienes podemos y estamos compelidos inequívocamente pararla. Para combatirlo y lograr la paz, estamos compelidos a fomentar el amor, ya que, como señalaba Mahatma Gandhi –quien también decía que No hay caminos para la paz, que la paz es el camino”. : “El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo”. Si cada uno nos disponemos a practicar e impulsar los buenos valores, la buena convivencia humana, a reclamar el desarme de las naciones, el control de químicos, materiales y sustancias con que se fabrican armas y, sobre todo, empezar por cambiarnos a nosotros mismos para luego poder cambiar el mundo como aconseja Mahatma Gandhi, sería un extraordinario paso de avance para lograr la paz. En efecto, si como dice Lennon que vivimos en un mundo donde la violencia se practica a plena luz del día, a los fines de enterrar el terrorismo y vivir en un mundo de paz, es preciso que empecemos a dar amor, a respetar a los demás con sus ideas y su religión, a fomentar la igualdad y a educarnos constantemente también a plena luz del día. Eduquémonos, pues como reflexiona Malala Yousafzai (la Premio Nobel de la Paz más joven de la historia) “La educación es un poder para las mujeres, y es por eso que los terroristas le tienen miedo a la educación. Ellos no quieren que una mujer se eduque porque entonces esa mujer será más poderosa” Y –obviamente- Malala no se equivoca, pues como también afirma Nelson Mandela: La educación es el arma más poderosa que puedes usar pa ra cambiar el mundo”. EL AUTOR es escritor y dirigente del PLD. Reside en Santo Domingo.
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